El Protocolo de Palermo, la norma internacional más importante firmada hasta la fecha para combatir esta lacra, define como Trata de Personas la captación, el transporte, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción. Esa explotación incluye, como mínimo, la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.
Aunque la conciencia social y las políticas públicas de los países afectados despiertan poco a poco de un letargo demasiado largo, más de 12 millones de personas adultas, niñas y niños son sometidos/as a trabajos forzados o condenados/as a prostituirse. Más del 50% de esas víctimas son mujeres y niñas. De entre todos los tipos y formas de explotación, la Trata de Seres Humanos está considerada como una de las más graves violaciones de los Derechos Humanos y sin embargo, todavía hoy en el siglo XXI, está presente en muchos países, la mayoría del sudeste asiático, pero también, en países desarrollados. La trata aumenta vertiginosamente, a razón del 50% anual, ya que hasta 70.000 víctimas más son explotadas cada año, el 84% son sometidas a explotación sexual
El hecho de que sea un negocio lucrativo -el tercero más lucrativo del mundo tras la venta de armas y el tráfico de drogas-, y la implicación en muchas ocasiones de personal público de los países en los que tiene mayor arraigo, dificulta su lucha. Además, es un delito escondido, que ve difícilmente la luz, lo que complica, más si cabe, la identificación de las víctimas. En ellas recaen importantes consecuencias físicas y psicológicas, y les acompaña durante toda su vida un estigma difícil de superar.
El trabajo forzoso y la Trata de Seres Humanos constituyen un freno para el desarrollo social y económico de las sociedades menos desarrolladas y una violación de los Derechos Humanos fundamentales.

La Fundación Anesvad es una ONG para el Desarrollo con más de 40 años de experiencia en cooperación, que trabaja para promover y proteger el Derecho a la Salud. Tiene carácter internacional y actualmente está presente en 19 países de los tres continentes más empobrecidos del planeta: África, Asia y América Latina. Sus principales áreas de intervención son las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD), la Atención Primaria en Salud (Salud Comunitaria, Salud Materno-Infantil y Sexual y Reproductiva), y la Trata de Seres Humanos. Proyectos que inciden tanto en las causas -pobreza y desestructuración-, así como en las consecuencias -rehabilitación y reintegración de las víctimas-.